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Selección de imágenes con frases románticas para enamorar a un hombre o una mujer

El amor es sin lugar a dudas algo sumamente bello, una experiencia hermosa que la mayoría de los seres humanos viven. Sentirse especial, querido, tener una idea fija sobre una persona no importando el cansancio, proyectar, anhelar en dupla y cuestiones por el estilo. Pero digamos que ese es el proceso y que justamente casi todo se lo lleva este, incluida a la misma conquista ¿Qué harías para atraer a una mujer? ¿Cómo embelesarías al hombre de tus sueños? A veces en tales asuntos hay poca reflexión y mucha acción pasional; los resultados luego se verán. Aquí te mostramos selección de imágenes con frases románticas para enamorar y así ayudarte en tamaña empresa.

Imágenes con frases románticas para enamorar

Enamorar conlleva un proceso y la paciencia a veces debe ser la mejor amiga. Pero, claro, no seamos expeditivos, amantes de la celeridad: eso implica muchas veces pensar la relación y matarla antes de que nazca. Paciencia, parsimonia, seguridad y, naturalmente, aditamentos que atraigan al otro.

Enamorarse es tener una idea fija, es sentir que con una persona queremos todo, anhelamos cada segundo de la existencia con ella ya que consideramos que a la propia le falta algo. Sí, le falta el objeto amoroso a este sujeto que solo suspira emotividades y proyectos en dupla.

Y la ausencia también es un poderoso índice: la ausencia es una presencia al fin y al cabo, porque su agujero es un centro de referencia que solo trae a la cabeza la idea de un ser humano. Tal lugar, tal experiencia, determinada frase, un cartel; el otro es prácticamente cada rincón de nuestro mundo.

Y hay miedos, naturalmente. Porque como se depositan muchas esperanzas tenemos el temor de que las destrocen, de vernos desarmados y que se aprovechen de semejante tesitura ¿Qué nos queda? Confiar, tirarse a la pileta como se afirma prosaicamente, arriesgarse, asumir un albur que a priori puede contener variopintos desenlaces.

Al sentir tus manos y caricias, me di cuenta, con cierto asombro y sorpresa, que nunca sentí unas verdaderas caricias o que, quizás, nunca lo habían hecho en lo absoluto. El amor es una ruptura; posiblemente surja un flamante sujeto en muchos aspectos.

Y el amor nos hace mejores personas si el desinterés emerge. Sí, no hablamos de conciencias absolutamente abnegadas, pero sí que comprendan que de vez en cuando está bueno emplazar el ego aparte. Sí el otro es un pensamiento recurrente, es usual que acaezca lo que anunciamos más arriba.  Cualquier noticia de la persona querida nos hace saltar de la alegría y convierte nuestro corazón en un caballo desbocado. Sí, somos felices por el otro y más cuando en cada acción refleja una querencia hacia nosotros. Se crea así un vínculo, un submundo, una dependencia mutua que tiene algo de heroico y maravilloso.  Tal vez comprenderás que el otro se volvió tan importante, que se transfigurara en tu calma y tus tempestades ¿Cuál es la clave para que no sea lo segundo? Muy sencillo: comprender que es una libertad, que a veces se nos puede escapar y confiar por sobre todas las cosas. Sin esos aditamentos la relación se puede volver algo lóbrega.

Es curioso percatarse que una sola persona y su accionar pueden ser factores determinantes de nuestra alegría, que con un no o un sí el mundo que habitamos se desmorona o emerge con más fuerza. Hay algo que nos ata, una fuerza que nos aferra, una sensación que resulta ser indescriptible.

Que tu mundo sea mi mundo, porque quiero construir contigo una realidad alternativa, particular, distinta, un oasis entre tanto desierto, un mar calmo en medio de tempestades fulgurantes.

Causalidad o casualidad ¿Hicimos algo para que esa persona adecuada cayera en nuestra vida? ¿ Todo es fruto del azar más desarrolado? En rigor de verdad tal vez la respuesta sea un poco de las dos: hay algo que buscábamos y la ayuda de una contingencia más que atrevida.

 

Una relación llega a un máximo de esplendor cuando la confianza aterriza y es verdadera ¿Por qué? Porque ya desaparecen esos fantasmas de perder al otro, de dejarlo ir o que se quiera ir. No es que ya no sea atractivo, de que no apetezca a otros interesados; sino que nos damos cuenta sobradamente que salvo uno el resto son perfectos convidados de piedra. Eso es hermoso.

El amor es un auténtico proceso, porque se desarrolla de manera concomitante con la vida o, mejor dicho, es la vida misma. Así que la idea de final feliz solo puede ser cierta en un aspecto: no como resultado, sino como decisión ratificada a cada instante por dos seres que se eligen, valga la redundancia, a cada instante también.

No es fácil entrar en los pensamientos del otro, ser algo recursivo, fijo, hasta podríamos decir, de buena manera, anquilosado. Eso ocasiona el amor y ya no somos los mismos, porque una presencia extraña se apodera del interior rector. Nos hacemos torpe, vivimos más en un mundo aparte que en la realidad misma y cavilamos una y otra vez sobre proyectos, potencialidades.

La sinceridad es un excelente primer paso para tener en cuenta lo que nos pasa y actuar conforme a ello. Sí, esos desdoblamientos se producen en nuestro ser cuando no aceptamos lo que anhelamos ¿Quieres? Bueno: lucha por ello, emprende, arriesga, ve en cada ocasión una oportunidad privilegiada para acercarte al otro amado.

El amor debe ser un aumento constante, por más que caiga en cierta frialdad rutinaria. Pero el fuego está ahí, sigue, es resplandeciente y el solo hecho de pensar un segundo sin el otro amado lo dispara, lo hace enhiesto y con una fortaleza sin igual. Son procesos; es la vida misma.

Nada de compartir, de querer por momentos, de anhelas para ciertos ratos; sino una fijación profunda, prolongada, que dure para siempre y supere cualquier clase de vicisitud. Si hay final feliz, que sea desde el primer asalto; pero que sobreviva sin lugar a dudas.

En el amor, como en pocas cosas, tal vez no sirvan las reglas, leyes o cuestiones por el estilo. Estas son frías, calculadoras y regulares; cuando en rigor de verdad el cariño que sentimos por otro es atrevido, fulgurante, estrambótico y hasta polimorfo ¿Hay mayores garantías de ser feliz con alguien que es igual? ¿La diferencia enriquece o contrae fracaso? No lo sabemos, querido lector. Que tu corazón sea el guía.

Estar al lado de alguien significa compartir el derrotero, no importando lo que pase, sea bueno o malo. Y eso implica una elección para toda la vida, pero digamos la verdad, cuando se ama ningún esfuerzo es demasiado o sobrepasa las energías. Nos creemos pasibles de cualquier cosa porque el enamorado otorga la fuerza.

¿Es muerte? De golpe ya no pienso en mí tanto, las decisiones egocéntricas pasan a segundo plano y son capaz con alguien en especial de realizar denuedos insospechados. Esa es la magia del amor y si es algo sincero, tierno, profundo, mejor sostenerlo una buena cantidad de tiempo.

Y el amor es un vértigo, porque las pasiones nos llevan tan de prisa que no sabemos si lo que escogemos es de determinada forma o no, simplemente seleccionamos porque es lo que nos abre una vida con el otro.