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Frases y Poemas de José Emilio Pacheco

José Emilio Pacheco fue un enorme escritor mexicano que supo abrevar con majestuosidad en los terrenos de la poesía, los cuentos y los ensayos. Autor de palabras profundas, pero a su vez poco rebuscadas y accesibles, presentamos a continuación frases, poemas e imágenes bonitas de José Emilio Pacheco. 

Frases de José Emilio Pacheco cortas

  • No tu mano: la tinta escribe a ciegas estas pocas palabras.
  • Ya me encontré a mí mismo en una esquina del tiempo. No quise dirigirme la palabra, en venganza de todo lo que me he hecho con saña.
  • El que se va no vuelve, aunque regrese.
  • El amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio.
  • Y veo a los jóvenes corriendo sin parar por la vía franca, rumbo a la felicidad.
  • La gente llega, vive, sufre y se muere. Vienen los otros a ocupar su sitio y la casa arruinada sigue viviendo.
  • Fracasé. Fue mi culpa; lo reconozco. Pero en manera alguna pido perdón o indulgencia: eso me pasa por intentar lo imposible.
  • Poesía no es signos negros en la página blanca. Llamo poesía a ese lugar del encuentro con la experiencia ajena.
  • Digamos que no tiene comienzo el mar; empieza donde lo hallas por primera vez y te sale al encuentro por todas partes.
  • Todos nos interroga y nos recrimina. Pero nada responde. Nada persiste contra el fluir del día. Al centro todo acaba y todo recomienza.
  • Escribe lo que quieras, di lo que se te antoje: de todas maneras vas a ser condenado.
  • Lo límites del lenguaje son los límites del pensamiento.
  • No hay amor sereno. Si lo hubiese, tampoco escaparía a su final tragedia que es la separación de los amantes.
  • Qué terrible es amar algo que la muerte puede tocar.
  • Nadie sabe qué suelo pisa. En donde ponga el pie, el abismo puede abrirse a sus plantas.
  • Es verdad: no hay adultos; solo niños envejecidos.
  • La vida no es de nadie; la recibimos en préstamo. Lo único de verdad nuestro será la ausencia.

Frases inspiradoras de José Emilio Pacheco

  • Mientras dure el amor ámame entonces.
  • Quizás en el fondo estábamos tratando de fingir que fingíamos, pero dijimos la verdad.
  • ¿Qué harás todos los días desde que no te veo?
  • Todo es nunca por siempre en nuestras vidas.
  • En la costa se afirma que los cangrejos son animales hechizados. Son seres incapaces de volverse para mirar sus pasos.
  • Pero no estaba arrepentido ni me sentía culpable: querer a alguien no es pecado; el amor está bien, lo único demoníaco es el odio.
  • ¿Por qué tienen que pegarle etiquetas a todo? ¿Por qué no se dan cuenta que uno simplemente se enamora de alguien? ¿Ustedes nunca se han enamorado de nadie?
  • Sigo pensando que es otra cosa la poesía: una forma de amor que solo existe en silencio, es un pacto secreto entre dos personas, de dos desconocidos casi siempre.
  • Enamorarse sabiendo que todo está perdido y no hay ninguna esperanza.
  • Por alto que esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti.
  • La guerra, cualquier clase de guerra, me resulta algo con lo que se hacen películas.
  • Todos somos hipócritas, no podemos vernos ni juzgarnos como vemos y juzgamos a los demás.
  • Qué estupidez meterme en un lío que pude haber evitado con solo resistirme a mi imbécil declaración de amor.
  • De modo, pensé, que si eres niño no tienes derecho a que te gusten las mujeres. Y si no aceptas la imposición se forma el gran escándalo y hasta te juzgan loco ¡Qué injusto!
  • Cuando esperaba el día se hizo de noche. Y nunca aprendí a caminar en tinieblas.
  • Por no saber qué decir pagaré el haber callado. Jamás perdona el silencio a quien ha callado.

Los mejores Poemas de José Emilio Pacheco

Memoria

No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.

A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.

Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.

 

Presencia

¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
sino esta llave ilesa de agonía,
estas pocas palabras con que el día,
dejó cenizas de su sombra fiera?

¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
esa daga final? Acaso mía
será la noche fúnebre y vacía
que vuelva a ser de pronto primavera.

No quedará el trabajo, ni la pena
de creer y de amar. El tiempo abierto,
semejante a los mares y al desierto,

ha de borrar de la confusa arena
todo lo que me salva o encadena.
Más si alguien vive yo estaré despierto.

 

La flecha

No importa que la flecha no alcance el blanco
Mejor así
No capturar ninguna presa
No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo la trayectoria el impulso
el tramo de aire recorrido en su ascenso
la oscuridad que desaloja al clavarse
vibrante
en la extensión de la nada

La gota

La gota es un modelo de concisión:
todo el universo
encerrado en un punto de agua.

La gota representa el diluvio y la sed.
Es el vasto Amazonas y el gran Océano.

La gota estuvo allí en el principio del mundo.
Es el espejo, el abismo,
la casa de la vida y la fluidez de la muerte.

Para abreviar, la gota está poblada de seres
que se combaten, se exterminan, se acoplan.
No pueden salir de ella,
gritan en vano.

Preguntan como todos:
¿de qué se trata,
hasta cuándo,
qué mal hicimos
para estar prisioneros de nuestra gota?

Y nadie escucha.
Sombra y silencio en torno de la gota,
brizna de luz entre la noche cósmica
en donde no hay respuesta.

 

Indeseable

No me deja pasar el guardia.
He traspasado el límite de edad.
Provengo de un país que ya no existe.
Mis papeles no están en orden.
Me falta un sello.
Necesito otra firma.
No hablo el idioma.
No tengo cuenta en el banco.
Reprobé el examen de admisión.
Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.
Me desemplearon hoy y para siempre.
Carezco por completo de influencias.
Llevo aquí en este mundo largo tiempo.
Y nuestros amos dicen que ya es hora
de callarme y hundirme en la basura.

 

Los elementos de la noche

Bajo el mínimo imperio que el ver no ha roído
se derrumban los días, la fe, las previsiones.
En el último valle la destrucción se sacia
en ciudades vencidas que la ceniza afrenta.

La lluvia extingue
el bosque iluminado por el relámpago.
La noche deja su veneno.
Las palabras se rompen contra el aire.

Nada se restituye, nada otorga
el verdor a los campos calcinados.

Ni el agua en su destierro
sucederá a la fuente
ni los huesos del águila
volverán por sus alas.

Imágenes con frases de José Emilio Pacheco