99 Mensajes de amor en imágenes

El amor es magnífico, porque nos modifica. Sí, claro, si lo analizamos luego de una ruptura nos comprenderemos como tontos, ilusos, proyectadores de futuros en conjunción que nunca fueron. Pero eso es un error; hay que estudiar el momento ¿Y en el momento? Somos felices, tratamos a todos de otra manera, a lo negativo lo vemos con los ojos de la solución, los errores se solapan, sentimos que todo lo que hacemos con esa persona es especia, vale la pena y es, sobre todo, eterno. Así que perdure o no, el amor es digno de grandilocuencia y gloria. Aquí, en ese sentido, te presentamos 99 mensajes de amor con hermosas imágenes.

99 imágenes con mensajes de amor

El amor siempre deberá ser una celebración. Sí, aunque haya tropiezos, errores, seguridades y abrumadoras cotidinaiedades. Puede que se pierda con el tiempo la magia inicial, pero está en ti que eso no pase y si acaece reaccionar rápidamente. Cuando prolifera este sentimiento cualquier señal de alerta basta.

El corazón tiene una lógica de niño: desea, anhela y muchas veces le cuesta entender de imposibles, limitaciones o debilidades ¿Lo tenemos, por lo tanto, que tomar de tonto? No, aunque sea arriesgado e incluso doloroso, muchas veces es el motor que hace la diferencia en la vida.  El amor, cuando es verdadero, suele generar una ruptura, un punto bisagra, algo así como un antes y un después ¿Qué era el mundo antes de ese ser querido, tan querido? No digamos que una miseria, pero si que gozaba de una gran carencia. Así, entonces, se entiende al amor: como una suma, un impulso, un salto de calidad que nos faltaba.  El amor sobre todo invade nuestra psiquis. Es que los pensamientos se vuelven recursivos, los sueños tiene a alguien como común denominador, los proyectos en un principio solipsistas se empiezan a negociar. Sí, todo eso nos genera el amor; es algo increíble, una magia que la habrá hecho el mejor de los hechizeros.

Eres una hermosa, tal vez la más hermosa, casualidad. Es que el mundo es enorme, el universo eterno y, sin embargo, coincidimos. Claro que sí: el enamorado nunca entenderá que su amante podría haber sido cualquiera que ocupe ese casillero. No, lo considera alguien especial; un auténtico milagro.

Y se pierde un poco del egocentrismo habitual. No recomendamos ese accionar en exceso, como todo; pero siempre viene bien un baño de humildad para matar un poco al orgullo. Tal vez esa persona tan especial sea el principio de tamaña transformación. Bienvenido sea, entonces.

El amor es, por lo menos para nuestra civilización, una cosa de a dos. Sí, la ecuación es bien básica y no tiene realmente muchas vueltas. Si ambas personas quieren, si ambas desarrollan anticuerpos para cualquier obstáculo, entonces el desenlace no estará nunca más asegurado. Es solo cuestión de tiempo, a veces las piezas tardan un poco de aceitarse; solo eso.

Y cada caricia, cada roce, cada beso de esa persona que tanto queremos tiene un sabor especial. Nos hace temblar, convierten a nuestro cuerpo en un objeto que funciona con empatía y vibra sin cesar. Tal vez nunca sentimos esos cariños de tal forma y si no fue así poco importa: ahora si son los más sustantivos.

El amor tiene la enorme bondad de ser igualmente anómico como normativo. Es que digamos, aunque suene contradictorio, que en su desarrollo las leyes se van dando en el modo de no existir; uno sabe cómo actuar porque el corazón instrumenta el accionar en cada instante.

La magia del amor es que muchas veces el otro no sabe cuánto lo queremos, todo lo que somos capaces de hacer por esa persona. Y no siempre es problema de falta de demostración: a veces el infinito es muy difícil de graficar; pero hacemos sin cesar el esfuerzo.

El motivo eres tú por más que sonría y quede como un loco ante terceros, tan lejanos, tan incomprensivos al estar fuera de nuestra historia de amor. El amor es así: flechazo, emoción, esperanzas, sueños; todo junto y de manera complicada.

Agitación, nerviosismo, mariposas imaginarias en el estómago. Sí, todo eso sentimos cuando nos enamoramos, cuando el flechazo cae sobre nosotros ¿Hay alguna fórmula? La verdad que no: todo se puede dirimir en una sonrisa compartida, en una charla transitoria, en un cruce de miradas, en un complemento o discordia, en un conocer o no hacerlo para nada, etc, etc. No: no hay fórmulas para el amor.

Suele decirse que amar al otro es amar su libertad, que esa es la cifra absoluta de su realidad. Y es cierto. Claro está: no se entienda como libertinaje, sino en comprender que el otro tiene sus alas y que puede volar, incluso en soledad en ciertos momentos.

Ante semejantes construcciones e inversiones anímicas, la contracara es igualmente seria: el amor se convierte en una enorme responsabilidad. Por eso nunca generemos sueños baldíos ni dejemos de lado proyecciones ajenas tan caras o importantes.

Decir te quiero con todas mis ganas, cuando se está enamorado, es casi como una redundancia. Es que no podemos querer a medias y a veces hasta nos enojamos porque nos precipitamos demasiado. Pero así lo vivimos, así lo sentimos; es un frenesí inexplicable, una energía que recorre todo el cuerpo.

Por eso nos desesperamos ante las dudas, las hesitaciones ajenas, los infortunios u obstáculos que se emplazan en el camino. El corazón nos dicta que el amor es ahora, que el deseo es un fuego que arde, que nos quema y que solo con los labios añorados puede ser apagado.

Lo hermoso del amor también es que llega en cualquier momento. Así como no hay fórmulas en su edificación, tampoco la habrá para su eclosión, un auténtico advenimiento que no podemos presumirlo por leyes ni siquiera con la más mínima experiencia. No sabemos si hay sabiduría al respecto; simplemente nos lanzamos cuando aparece y deseamos lo mejor, esperamos también lo mejor.

Y la amistad entre el hombre y la mujer también puede ser un conducto hacia el amor, una antesala. Ya hay tanto conocimiento mutuo, tanto saberse en los puntos fuertes y débiles, en los días claros y en las tormentas lóbregas del alma. Lo repetimos, no hay necesariedad; pero sí mucha posibilidad.

Y nos volvemos soñadores incontrolables ¿Cuántas veces vivimos esa historia de amor en nuestros pensamientos? ¿En calidad de novios, novias, esposos, esposas, parejas eternas? No es un símbolo de inmadurez ni puerilidad, pasa que cuando asimos la felicidad, que se personifica, no queremos soltarla más. Es algo normal y simple.

Si el alma es lo único eterno que tenemos, esa cosa que perdura bajo las vicisitudes del tiempo, entonces  sería correcto, por única vez, decir que amamos con el alma. Porque al amor lo vivimos como proyecto perpetuo y queremos que sea hasta el momento que dejemos de ser nosotros. Sí el está nuestra presencia también.

Recuerda que el amor es demostración, ya que por mucho que quieras en tu interior a alguien, ese alguien no posee acceso a tu fuero íntimo. Dejemos de lado, por lo tanto, orgullo y especulaciones al respecto.

Besos, abrazos, vivencias; todo tiene un sentido distinto con esa persona que queremos. Por eso podemos definir al amor como el gran resignificante, el potenciador del existir por antonomasia.

Todos los días, en cada instante, dime que me amas, porque yo te amo demasiado.

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