Frases de Alfonsina Storni

Hay personas que quedan en la historia, eternas, no solo por lo que hicieron, sino también por lo que escribieron. Una poetiza como Alfonsina Storni, nacida en Suiza pero acuñada desde temprana edad por la Argentina, no escapa a semejante descripción. A continuación te presentamos frases de Alfonsina Storni. 

Las mejores Frases de Alfonsina Storni que no podras olvidar

  • Mas no lo maté con armas, le di una muerte peor: ¡lo besé tan dulcemente que le partí el corazón!
  • Suéñame, que me hace falta.
  • Una mano invisible acaricia calladamente la pulpa triste de los mundos rodantes. Alguien, a quien no comprendo, me macera el corazón de dulzura.
  • ¿De qué desierto antiguo eres memoria que tienes sed y en agua te consumes, y alzas el cuerpo muerto hacia el espacio como si tu agua fuera del cielo?
  • Bravo león, mi corazón tiene apetitos; no razón.
  • Yo no estoy y estoy siempre en mis versos, viajero, pero puedes hallarme si por el libro avanzas dejando en los umbrales tus fieles y balanzas: requieren mis jardines piedad de jardinero.
  • Porque éramos amigos y, a ratos, nos amábamos.
  • Andas por esos mundos como yo; no me digas que no existes. Existes, nos hemos de encontrar.
  • Hoy me mira la luna blanca y desmesurada. Es la misma noche; la misma de mañana.
  • No tienes tú la culpa si en tus manos mi amor se desahogó como una rosa: vendrá la primavera y habrá flores; el tronco seco dará nuevas hojas.
  • Los hombres de mi raza no han llorado; eran de acero.

  • Una mística flor, técnica y fría, que el pomo de colores, semillero de seres planos que el dibujo alienta, si bien terrestre, de un trasmundo viene.
  • Selvas tengo en el corazón; árboles gruesos prietos de ramas; yuyos, retamas, flores de malvón, pájaros en las ramas; todo eso tengo en mi corazón.
  • ¿Qué mundos tengo dentro del alma que hace tiempo vengo pidiendo medios para volar?
  • ¿Cómo decir este deseo del alma? Un deseo divino me devora; pretendo hablar, pero se rompe y llora esto que llevo dentro y no se calma.
  • Que un no ser, que es un más ser, doblado, prendido estás aquí, y estás ausente por praderas de magias y de olvido.
  • Hombre pequeñito que jaula me das. Digo pequeñito porque no me entiendes ni me entenderás. Tampoco te entiendo, pero mientras tanto ábreme la jaula que quiero escapar. Hombre pequeñito, te amé media hora, no me pidas más.
  • Sé la frase que encanta y que comprende, y sé callar cuando la luna asciende enorme y roja sobre los barrancos.
  • Tengo deseos de que mi todo, a un tiempo sea cristal y lodo, paloma y cuervo, llama y alud.
  • Las primaveras al marcharse dejan las lloviznas de otoño preparadas. Pequeña, ve despacio, mucho juicio, no te quemen tus llamas.
  • Las palabras se secan como ríos, y los besos se secan como rosas, pero por cada muerte siete vidas buscan los labios demandando aurora.
  • Luz de astros: todos mis poros se abren sintiendo vuestros tesoros que son trasuntos de inmensidad, y en esta hora soy una cuerda, cuerda que espera que algo la muerda, para dar notas de tempestad.
  • Mas ¿Lo que fue? ¡Jamás se recupera! ¡Y toda la primavera que se esboza es un cadáver más que adquiere vida y es un capullo más que se deshoja.
  • Adherida a tu velocidad, como la hoja a la rueda, lancé tímidas fechas a tus paisajes soberbios. Y sólo pequeños rincones de formas recogió mi corazón adormecido.

  • Porque mi alma es toda fantástica, viajera, y la envuelve una nube de locura ligera cuando la luna nueva sube al cielo azulino.
  • Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña.
  • Tienes un deseo: morir. Y una esperanza: no morir.
  • Solo el hombre pequeño, cuyo humano latido en la tierra es un sueño ¡Solo el hombre hace ruido!
  • Pedí a las estrellas lenguaje más claro, palabras más bellas. Las dulces estrellas me dieron tu vida y encontré en tus ojos la verdad pedida.
  • Y no no tendré miedo de morenas y de rubias, pues cerraré los ojos y te diré: soy tuya.
  • Ah, me resisto; más me tienes toda, tú, que no serás del todo mío.
  • Alma, ¿dónde está aquel oro que viste? Todo ha cambiado cuando estuvo enfrente; mis ojos tocan realidad tan triste que digo: es el presente.
  • Gimen porque nace el sol; gimen porque muere el sol. Todo está allí, apretado en la cuenca, donde, pájaro quieto, aguarda.
  • Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero viendo en días de otoño tu ciclo prisionero, no me será sorpresa la lápida pesada. Que entre tus calles rectas, untadas de su río apagado, brumoso, desolante y sombrío, cuando vagué por ellas; ya estaba yo enterrada.
  • Seré en tus manos una copa fina pronta a sonar cuando vibrarla quieras. Destilarán en ella primaveras, reflejará la luz que te ilumina. Seré en tus manos una copa fina.
  • Mis ojos, faros de angustia, trazan señales misteriosas en los mares desiertos. Y eterna, la llama de mi corazón sube en espirales a iluminar el horizonte.

  • ¿Y vendrás tú? Se cubren alegres mis floreros de madreselvas. Anda por los largos canteros la risa azul del no me olvides y se cargan las vides.
  • ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, un perfume infinito, un nido blando: nunca se dijo la palabra cuando. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
  • Baja: mi corazón te está pidiendo. Podrido está; lo entrego a tus cuidados. Pasa tus dedos blancos suavemente sobre él.
  • ¡Pobrecitas y mansas ovejas de rebaño! No temas a la loba, ella no les hará daño. Pero tampoco rías, que sus dientes son finos ¡Y en el bosque aprendieron sus manejos felinos!
  • Un día, suavemente, con sus corteses modos, hizo el hombre la jaula para encerrarte allí. Y ahora te contempla, apoyado de codos, sobre el hierro prudente que lo aparta de ti.
  • Vueltas y vueltas doy por las calles; me siguen las paredes silenciosas y detrás de ellas, en vano es saber si los hombres mueren o sueñan.
  • Las aguas se filtran en la tierra. Así como mis ojos en los ojos que estoy soñando embelesada.
  • Tiempo y tranquilidad me han faltado, hasta hoy, para desprenderme de mis angustias y ver así lo que está a mi alrededor. Pero, si continúo escribiendo, he de procurarme el tiempo y la tranquilidad que para ello me harán falta.
  • Oh, muerte, yo te amo; pero te adoro vida. Cuando vaya en mi caja para siempre dormida, haz que por vez postrera penetren mis pupilas el sol de primavera.
  • Como a un muñeco destripe tu vientre y examiné sus ruedas engañosas y muy vueltas en sus poleas de oro hallé una trampa que decía: sexo.
  • Cuando sobre tu pecho mi alma fue apaciguada y la dulce criatura, tuya y mía, deseada, yo puse entre tus manos toda mi fantasía.
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